martes, 23 de marzo de 2010

HAMBRE DE LIBRO - 4 - PEREGRINACION NOCTURNA. EL PROFESOR DE HISTORIA Y LA MAGA. NUEVAS MANIFESTACIONES ESOTERICAS. EL VUELO DE LA MANO .

Celestino, para la ocasión, había invitado a un catedrático especialista en historia local toledana.
El grupo, escaso y selecto, se reunió a la entrada del Nuevo Puente de San Martín. Desde este punto, Basilisa se dirigía, guiada por las oscilaciones de su sensibilidad, sin rumbo fijo por las viejas calles de la ciudad.
Nada más emprender la marcha Basilisa tuvo que esperar pues era imposible concentrarse ante la llegada de un grupo que, ruidosamente, pasaba en aquellos momentos. Un guía turístico iba al frente del rebaño contándoles las excelencias del lugar siguiendo el programa de un paseo romántico nocturno.
El cortejo turístico parecía que iba en un estado de alegría desbordante después de una cena medieval interrumpida, en medio de las libaciones de sangría servida en rústicas jarras de barro, por un grupo de personajes disfrazados de caballeros medievales que justaron resueltamente entre ellos dando y recibiendo mandobles con todo tipo de artefactos bélicos; mazas de guerra, tizonas de acero bruñido.
El grupo de turistas, algunos armados con picas, ballestas y espadones, engalanados con yelmos y escudos ajedrezados con un cardo rampante, adelantó al de Celestino y los suyos.
El guía turístico les iba recitando su acreditada salmodia de lugares comunes...
- Toledo es la ciudad más bella de España. Es el más rico florón de su corona. Es el relicario donde se guarda mejor la gloria del pasado. es el joyel más repleto de maravillas. Cada piedra de sus muros lleva escrito el recuerdo de una epopeya...
La palabra epopeya se quedó prendida en el oloroso aire de la noche y mientras las pisadas del grupo y su cantarín explicador eran tragados por una pendiente, los iniciados retomaban su marcha por las tortuosas calles iluminadas estratégicamente por faroles que daban la apariencia ambiental de una película en blanco y negro del mejor cine neorealista.
Basilisa abría la marcha con los ojos cerrados y los brazos extendidos, como buscando con las manos abiertas al espacio las oscilaciones magnéticas del pasado. Su caminar, sin rumbo, estaba guiado por sus poderes telepáticos. De esta manera, se andaba y se desandaba, se subía y se bajaba, se daban vueltas y se paraba; unas veces delante de alguna casa singular; otras, en alguna encrucijada de calles recoletas que parecía atraer la atención plasmática de la maga, como si las pulsaciones magnéticas que recibía fueran más fuertes en unos lugares que en otros.
Habían transitado de esta forma algún tiempo cuando Basilisa se puso delante de una pequeña casa con soportales de madera, en este punto se quedó como extasiada y mientras su cuerpo vibraba de una extraña forma comenzó a hablar de manera sibílica:
- Aquí veo una cabeza rubia y una morena. Un grito que se lo lleva un pájaro en el pico y una mano que resbala por la puerta, una mano cortada que cae al suelo, una mano llena de pelo que tiene las uñas tan largas como la muerte...
El grupo impresionado ante la revelación aterradora guardaba litúrgico silencio.
Celestino interrogó con la mirada al especialista en historia quien no parecía encontrarse demasiado impresionado por lo que había escuchado.
- Bueno -dijo el experto-, existe una vieja leyenda morisca de dos hermanos que pelearon entre ellos por culpa de un halcón...Dicen que sucedió aquí mismo. Uno de ellos que sujetaba al animal recibió una estocada que le dejó sin mano...La leyenda cuenta que el pájaro salió volando con la mano arrancada. Pero, en fin, es una de esas leyendas populares de las que hay tantas en Toledo y que todo el mundo conoce.
- ¿ Qué historia tan romántica ? -exclamó Felisa - Y por qué la mano tenía tanto pelo -interrogó al erudito local.
- Yo aquí, he venido como una especie de abogado del diablo - se defendió el profesor- y quiero decirle a Basilisa que yo no tengo nada contra ella... Pero, me resisto a que la historia sea un acontecimiento sobre el que se pueda especular... Si no os dijera esto, creo que me estaría traicionando a mí mismo y que os estaría engañando a vosotros.
- Pero, ¡ querido profesor ! -terció Celestino - por supuesto que aquí todos valoramos y comprendemos su cometido...Y, contestando a la malvada Felisa, sobre su comentario a lo del pelo de la mano he de decir que en aquella época las manos de los caballeros, y en general de todo caballero, eran más parecidas al oso que a Fabila.
El grupo rió la chanza de Celestino y de nuevo se puso en marcha comandado por la vidente. Así, fueron pasando por numerosos edificios, calles, travesías, correderas, cavas, callejones y plazuelas todas ellas encantadoras.
Alguna vez la voz de Basilisa tremolaba en el aire dejando escuchar sucesos ocurridos en los tiempos pasados. Historias que tenían que ver con caballos que se ponían de rodillas delante de la sagrada custodia, misterios de sangre, incendios y desgracias, asesinatos, amantes suicidas, alquimistas en su sueño loco de conseguir la posesión de la sublimación y otro sinfín de sucesos y calamidades que hicieron teñirse la noche de un velo rojo.
El historiador no daba muchas señales de tomar en serio aquellas historias, y cada vez que la voz misteriosa de Basilisa levantaba el velo de Isis con alguna leyenda de milagros y de pozos de sangre, de historias de judíos y de tesoros ocultos, el especialista las remataba explicando que eran leyendas conocidas por todo el mundo, historias populares que todos sabían y que solían venir en los libros turísticos.
Celestino objetaba a todo esto que Basilisa era la primera vez que pisaba Toledo y que por lo tanto no podía conocer ni localizar los lugares exactos que tenían algún interés legendario.
El grupo, a estas alturas del recorrido, se encontraba muy cansado y era ya poca la atención que se prestaba a los gestos y palabras de la vidente, como cuando en un circo los espectadores cansados de ver tragadores de sables, lanzadores de cuchillos y domadores de fieras les pareciera la cosa más natural del mundo los triples saltos mortales que los acróbatas ejecutan en el cielo de la carpa. La propia Basilisa hacía rato que caminaba normalmente y ya eran muy poco los lugares que motivaban el trance profético.
(continuará)

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