miércoles, 14 de abril de 2010

HAMBRE DE LIBRO ( PARTE 5 ) . INUSITADO RETORNO. UNA VISITA EN EL TIEMPO. EL MISTERIO DEL LIBRO CARNIVORO

Habían decidido el retorno al hotel donde se hospedaban cuando, al pasar por una especie de travesía en la que se encontraba una antigua edificación con trazas de haber sido reformada, Basilisa, como herida por un rayo, cayó de rodillas al suelo y se quedó allí, temblorosa como si las ondas procedentes del pasado fueran de una magnitud como no habían visto en todo el tiempo de la ronda.
En esta posición comenzó a susurrar unas palabras, como una cantinela absurda, que luego se convirtió en un monólogo incoherente...
- Veo un libro sobre un gran pedestal. Esparcidos por el suelo, en una estancia donde sólo se encuentra una mujer en hábito que llora y reza arrodillada en un reclinatorio por el que trepa una hiedra espesa y negra como si se tratara de la pared de un cementerio. Hay muchos huesos esparcidos. Son huesos grandes y también pequeños. El libro se abre y se cierra solo haciendo un ruido de tumba.
Al escuchar estas palabras, el profesor de historia que, hasta el momento, había guardado una reserva escéptica empezó a demostrar un interés inusitado por el monólogo telepático que estaba escuchando.
- El libro que está sobre el pedestal -siguió hablando místicamente Basilisa- se escribe solo. Las letras son de sangre y de uno de sus laterales sale una lengua de seda a la que ha crecido una espesa barba que cuelga del libro como un musgo ciego y negro. También hay una sombra -aseveró la voz - que entra por una ventana, es una sombra de un varón santo que golpea el suelo con un bastón de peregrino y grita el nombre del señor altísimo, rey de los cielos y de la tierra, en varias lenguas incomprensibles...
Y aquí la maga, que pareció desconectarse del eco esotérico, se calló. Vuelta del trance, explicó a los del grupo que la visión había sido de una gran intensidad.
Celestino, impresionado, comentaba que aquello había sido una prueba irrefutable de que la historia y las emanaciones de la historia eran como un eco que tuviera respuesta en una existencia real, una existencia de una manera diferente e incomprensible, pero existencia al fin y al cabo. Hablaba Celestino de los tiempos convergentes y de la relatividad de la existencia y todo el grupo asentía a sus palabras mientras regresaban, finalmente, al hotel.
El único que permanecía callado, mientras los demás comentaban excitados el acontecimiento, era el historiador sumido en una profunda cavilación.
Una vez llegaron a las puertas del lugar de descanso y antes de subir cada uno a sus habitaciones, el profesor, en un aparte, le dijo a Celestino que tenía algo importante que comunicarle. Así que un poco más tarde y en el cuarto del organizador, ambos hombres se reunían secretamente.
- Amigo mio, estoy dispuesto a escuchar lo que tengas que decirme.
Celestino lo dijo en el tono que hubiera empleado un confesor, en algo se tenían que notar sus años de estudio en un seminario.
- Como ya sabes, he asistido a lo de esta noche porque tú me lo pediste. Conoces lo que pienso sobre la paraciencia y sobre los fenómenos paranormales -dijo el profesor-. La verdad es que estaba convencido de que todo lo de esta noche..., el paseo mágico, la telépata y sus revelaciones, no eran más que una especie de montaje. Todo lo que contaba eran cosas que cualquiera puede saber, cosas que se encuentran en cualquier guía para viajeros de la ciudad.
- Y qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión, ¿ si puede saberse ?
- No es que yo haya cambiado de opinión sino que ha sucedido algo extraordinario, fuera de los límites de lo comprensible. Ha pasado algo, realmente, que me ha dejado perplejo. Sucedió en el momento que Basilisa habló frente a aquella casa, en el corredor, de un libro que se escribía por si solo y todo lo demás... Bueno, te he de decir que estaba contando, desde su alucinación, algo que es imposible que nadie sepa, que nadie conozca salvo yo. Se trata de un curioso asunto que llevo estudiando hace bastantes años. Te voy a contar la historia de ese libro que Basilisa ha visto en sus sueños telepáticos. Lo que sí te voy a rogar es que me des tu palabra de honor de guardar absoluto silencio sobre lo que te voy a contar.
- Hombre, eso no hay ni que decirlo, tienes mi palabra; pero te ruego que comiences ya la historia que me muero de ganas de escucharla.
Entonces, el profesor comenzó a contar la siguiente y portentosa historia. (CONTINUARA)

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